lunes, 17 de mayo de 2010

Caperucitiadas

Caperurita desobedece a su madre, habla con un extraño, le cree y termina devorada por éste, un lobo disfrazado de bueno, o al menos de abuela.

Por más loca que suene la historia, irreal e infantil, estoy segura al afirmar que:

Todos somos Caperucita.

No importa si para advertirnos del peligro, nos pongan voz firme y gruesa y nos den explicaciones lógicas y coherentes, o nos muestren evidencias concretas y sólidas que concluyan que lo que vamos a realizar es un boludez sin nombre, una situacion riesgosa o simplemente una ridiculez. Lo cierto es que al menos una vez, hicimos como que no escuchamos y efectuamos lo que queríamos, con consecuencias nefastas.

A mi entender el cuento termina con la salvación de al niña por parte de un leñador que pasaba casualmente por el bosque, llevándola a su casa y al ser recibida por su madre, en lugar de abrazarla y contenerla, se encuentra con una bruja que sin ánimos de escuchar explicaciones le dice:

"te lo dije"

Para uno que vive haciendo Caperucitiadas, la frase lapidaria es fatal, porque en el fondo uno se pone la ficha de ganador, se convence que las advertencias son exageradas, inútiles e infantiles y se manda solo ante la vida, dándole ésta un cachetada para el recuerdo.

De cada diez Capecuritiadas, sólo una termina mal, pero es suficiente como para olvidar los triunfos y sumergirse en el fracaso.

¿Y si no sigo ningún consejo? ¿ Y si me conmino al ostracismo y evado toda posible señal de precaución y por ende todo tipo de recriminación posterior?

Imposible.

No sólo todos somo Caperucitas, Todos somos madres también. Peor aún, llega un momento de nuestras vidas que la advertencia, los carteles luminosos de CUIDADO, emanan desde uno mismo de la misma forma que nos decimos mientras nos damos cabezazos a la pared:

"Yo sabía"

Pero es así, pasan los años y uno se sigue golpeando la cabeza, recriminándose lo que uno mismo ya sabia, enojándose con su propio ser, como si el cuento pasara a escribirse en uno miso y de un plumazo uno se convierta en la Caperucita, el lobo, la madre e incluso la abuelita.

¿Que cómo termina esto?

Fácil, colorín, colorado, este cuento se ha terminado, o al menos hasta que decida ponerme la capita, sacar una canasta y mientras vaya caminando por el bosque me deje tentar por señales peligrosas, que de tan peligrosas, a uno un poco que le terminan gustando.



10 comentarios:

  1. jajaja me encantó...
    es tan cierto, pero tan cierto!

    saludos =)

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  2. Antes que nada, Te aviso que no voy a tolerar que esta vez no participes de mi concurso (me remperias el corazon...)

    Yo suelo ponerme el desfraz de madre, soy mas de los que advierten, que los q caperucitean. Igual me eh mandado de las mias :P

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  3. hace dos semanas tuve que hacer un trabajo donde analizábamos la psicología, precisamente, de caperucita roja ... nuuuuuuunca había pensado que un cuento de hadas podía tener tantas vueltas :O


    ahora sí , de vuelta al post : detesto (DETESTO!) que me digan "te lo dije" , pero definitivamente es peor (y en mi caso, es más frecuente) decir "ya sabía" .... esto de tener el enemigo interno es terrible !


    besooo tucu !!

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  4. Nunca lo había pensado así, pero es cierto.

    Besos.

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  5. MAia. quiero esos apuntes me interesan en serio. Si los tenes en la pc enviamelos por mails!!!
    plis!


    NICO, jamas quisiera romperte el cçuore, me pondre las pilas y te mando !

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  6. a mi me gusta creer que juego a ser el leñador

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  7. Ahi está la clave, en que los peligros atraen, y si sos geminiana peor porque tenés que pelearte con el gemelo sensato y el gemelo atrevido. Nunca se ponen de acuerdo! Besos tía Elsa.

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  8. Tucu? Te puedo decir así? Bueno, me presento, Victoria, Tori para todo el mundo, un placer. Empecé a escribir un blog hace poco, de hecho no tiene casi nada, y buscando y buscando aparecí en el tuyo. He leído muchos de tus posts y me tenes maravillada. Decís tantas verdades, tenemos tantas cosas en común metidas en la cabeza que me impresiona. Me gusta mucho la psicología, y cuando me llegue el momento, quizás estudie eso.
    Bueno, metiéndome en el tema, yo también me identifico con todos los personajes del cuentito que solía contarme mamá, pero especialmente, en este momento de la vida, me identifico como alguien que no para de mandarse caperuceadas. pero es raro, al mismo tiempo soy la madre que se recrimina (a sí misma) esos errores que cometo todo el tiempo. Cazador no me siento, es más, hace tiempo que espero uno, uno que me salve, uno que me saque de las garras del lobo.. Bueno, me hizo bien leer este post y saber que no soy la única que se siente así:)
    Un gusto (Tucu?).

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Estos son mas malos que yo!