
Reconozcámoslo, no seríamos nada sin los maestros que hemos tenido y tenemos en nuestras vidas. Algunos tan importantes que los recordamos a cada instante y otros tan negativos y temerarios que tratamos de olvidarlos con inútiles esfuerzos.
A lo largo de mi vida he sufrido y disfrutado de muchos maestros, lamentablemente, no todas la señoritas son como el personaje de Gasalla, llenos de maquillaje e histrionismo, también existen las seño introvertidas y opacas que a pesar de los años de experiencia siguen sufriendo y maldiciendo al frente de un aula.
Estoy convencida que los mejores maestros son aquellos que nos enseñan cosas de forma espontánea y sin proponérselo, muchos son maestros sin titulo, licenciados de la vida, graduados de la universidad de la calle.
Una enseñanza que recuerdo de un docente ocasional la tuve de una propia compañera en mi escolaridad.
Un tiempo antes de terminar la secundaria, sabiendo ya mi inclinación vocacional y luego de sacar un lamentable 7 (siete) en psicología, me acerque a la mejor alumna de mi división, la que llevaba la bandera desde siempre y la que participaba de los pocos pero importantes actos que realizaba mi escuela y le pregunté:
TucuMala: Decime, ¿cómo haces para sacarte 10 en todo?
Abanderada: Estudio todo.
Me sorprendió la sencillez de la respuesta, pero hay veces que lo obvio no siempre es lo visible, y por eso me pareció genial la enseñanza.
Era simple, mientras yo presumía los fines de semana, me peleaba con el novio de turno, cambiaba de amigas, salía al centro a ver qué me ponía para ir a bailar el sábado y revisaba 100 veces la línea del teléfono (época arcaica precelular) esperando la llamada ansiada, estudiaba. La abanderada, en cambio, simplemente estudiaba.
Pasaron los años, ella siguió medicina y yo psicología, cuando sabía que necesitaba una buena nota, recordaba el consejo del maestro y me decía “estudia todo”, y así mágicamente me daba la seguridad necesaria como para rendir cualquier materia.
La verdad es que nunca pude estudiar todo, mis 10 son producto de un plus mezcla de estudio, buena suerte, carisma, palabrerío y seducción.
Lo que queda claro es que si bien una enseñanza puede ser buena, buenísima, el alumno luego hace de ella lo que quiere porque entre el emisor y el receptor hay un abismo de distancia.
La misma persona me sorprendió días después con otra enseñanza igualmente básica y no por ello menos genial. Fue tan obvio y real lo que me dijo que hasta el día de hoy lo aplico con mis pacientes, la enseñanza fue más o menos esta:
TucuMala: Te tengo que contar algo. La verdad que ni idea cómo empezar…
Abanderada: Empezá por el principio!!!.
Dedicado a la memoria de mi directora de tesis, quien me dijo “una idea, es un instante”.




