Son lindas, prolijas y llamativas.
Jamás pasa desapercibida una cola de mujer.
Bulliciosas, impacientes y atrevidas.
Así son y así nos gusta ser.
Tuve que asistir en menos de una semana a tres colas de espera, donde en su mayoría eran mujeres, para colmo de males, con la nueva disposición de apagar celulares en bancos, no se puede ni escuchar música en el trajín y por ello, la espera desespera a cualquiera.
La difícil de sortear, fue la cola de divorciadas, mujeres deseosas de cobrar pensiones, de cambiar datos de su ex-cónyuge, de obtener una tarjeta electrónica, de autorizar firmas de jueces, en fin, hacían que el silencio del lugar se rompiera y se escuchara una ola de reclamos que iban entre anécdotas de LOS EX, hasta maldiciones al gerente del banco por no habilitar más mostradores y amenazas de muerte hacia el pobre policía que con cara de "yoquetengoquehaceraqui,prefierobatirmeatirosconunladronasoportalasaustedes" intentaba apaciguar las aguas.
Me divertí.
Todas más aguerridas que yo, me invitaron a sumarse a la cruzada de "SON TODOS UNOS INúTILES!" y comenzaron a aplaudir. Finalmente el tipo del mostrador, que estaba que partía la tierra (detalle que evidentemente solamente yo noté ya que el resto de las chicas, sólo querían matarlo) salió a pedir paz y amor, cosa que enfureció aún más a las chicas, y se habilitó finalmente un mostrador más.
Vergüenza al principio, relojeaba las cámaras y me veía desalojada del lugar por disturbios molestos, igual, no podía ir contra el gremio y mucho menos hacer una deshonra a mi nombre de Mala que con tanto esfuerzo he sabido cultivar.
Obviamente que había hombres en la cola, pero ellos solamente se limitaban mirar a otro lado, a pesar de tener el mismísimo embole que el resto, incluso intentaron acompañar la aplaudida con leves movimientos de pies, (típico del otro gremio, amagar con una acción pero al final no hacerla).
Por eso, hoy paso por una calle y un desquiciado me chifla, me dice algo grosero y libidinoso referido al trasero, al culo que porto y me acompaña hace ya 32 años y en lugar de maldecirlo, reconozco que una cola de mujer puede cambiar cualquier circunstancia divina!
Y por ello, se merece un piropo, un silbido, e incluso, un aplauso!.
Clap clap por ellas, y por la mía también!
Dedicado a Mario Albarracin, en su día, al genial artista!
Lattafa Khamra Waha: el oasis en el desierto.
Hace 1 semana
